El último adiós a José Francisco Sirvent, el taxista asesinado en la madrugada del jueves al viernes en Aldaya, sirvió para demostrar la unidad del colectivo a la hora de exigir más seguridad para poder desempeñar su oficio con dignidad, y sin el miedo cerval que produce pensar que el peligro puede estar sentado en la asiento de atrás. De hecho, durante la mañana de ayer no había taxis en servicio en el área metropolitana de Valencia. Todos los compañeros tenían una tarea más importante que atender: arropar a la familia de José Francisco durante su entierro.
Tal y como explicó Antonio Guerrero, el gerente de la emisora para la que trabajaba el taxista, Tele Taxi, más de 600 coches se congregaron en el tanatorio de la avenida de los Naranjos, desde donde partió la caravana que, a modo de cortejo fúnebre, acompañó a Francisco en la que fue su última carrera.
También fue una mañana para reivindicar más seguridad. Por ello, uno de los objetivos de la concentración era exigir a la Administración que se subvencione la compra de vehículos grandes, a ser posible de un diseño único, "preparados para desempeñar una labor de servicio público", en palabras de Guerrero. "Necesitamos un coche adecuado que garantice la seguridad del taxista, con una habitáculo independiente para los pasajeros y dotado de sistema de localización", explicó. En definitiva, "necesitamos un coche pensado para el servicio".
La reivindicación se basa en el modelo inglés, que reúne estas características. La idea es que exista una separación física entre el conductor y todo el pasaje mediante una mampara que permita ubicar a todos los clientes en los asientos traseros, sin necesidad de ocupar el del copiloto, que es el más próximo al conductor y también el de mayor riesgo. Para ello, se necesita que la batalla del vehículo (la distancia entre las ruedas) sea lo suficientemente amplia para que exista espacio para dos filas de asientos y para la colocación de una mampara de separación sin reducir la comodidad interior.
Aunque ya existen modelos en el mercado, como pueden ser los familiares, los taxistas solicitan que por su elevado precio la Conselleria de Infraestructuras subvencione su compra y mantenimiento.
Mamparas y familia
Actualmente la Conselleria ofrece ayudas para la instalación de mamparas, aunque el dispositivo no siempre está bien visto por el colectivo, especialmente, por el espacio que precisa y porque no evita el atraco por definición. "Somos reacios porque muchos utilizamos el vehículo de forma particular. Es incómodo irte con la familia de vacaciones con una mampara. Y las personas altas no pueden entrar", señalaba ayer Luis M. Monsoriu, secretario de la Confederación de Autónomos del Taxi de la Comunitat.
Los profesionales han aprendido a golpe de malas experiencias algunos trucos para evitar robos, o al menos, para predecirlos o mitigarlos. Por ejemplo, la mayoría dispone de un avisador de emergencia para alertar a la central de cualquier problema. Una petición que se podía escuchar ayer era que los vehículos tuvieran conexión directa con el 112 para alertar de las incidencias directamente y que el tiempo de reacción fuera menor.
Otros taxistas recurren al instinto para evitar problemas, y suelen acertar. "Paro a diez metros de distancia, y mientras viene el cliente, si mi conciencia me dice que no lo coja, me voy", señalaba un taxista para explicar un truco preventivo, que se utiliza especialmente de noche.
Otra opción es evitar ciertos trayectos de riesgo, como las inmediaciones de las cañas (el hipermercado de la droga). En otro caso, se sirven de un simple mensaje en una ventana: "En este coche no hay objetos de valor".
El motivo para atracar un taxi siempre es la recaudación. "No deberían pagar en efectivo, que sea con tarjetas", apuntaba Patricia, otra profesional de Valencia que acostumbra a trabajar de noche.
Pese a que en algunas emisoras se exige la utilización de la mampara, en la práctica se ven pocos vehículos con el dispositivo. "¿De qué me sirve la mampara si tengo que bajar a sacarles una maleta o se me sientan delante?", se preguntaba Sergio Sospedra durante la concentración de ayer. "Lo que hay que hacer es cambiar las leyes. No se puede permitir que este individuo salga a la calle por buena conducta después de unos años en la cárcel", concluyó. Que todo el peso de la justicia caiga sobre el asesino de José Francisco fue otra de las peticiones que se formularon ayer.
"Ese asesino ha dejado huérfanas de padre a tres jóvenes", manifestó Rosario Victoria Duque, que estuvo casada durante siete años con la víctima. "Tiene que ser condenado a la máxima pena posible", añadió.
Tras la estancia en el tanatorio, la caravana inició su peregrinación hasta el cementerio General. Detrás de los cristales del último coche, en los rostros de la viuda y las hijas se podía intuir el inconsolable dolor de la injusticia. El contrapunto lo pusieron la cantidad de vehículos que arroparon a José Francisco Sirvent López en su último viaje hacia el descanso eterno.